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EMPLEO DEL CLARINETE

 

Desde su aparición, el instrumento ha conmovido la sensibilidad de los compositores por su riqueza melódica, sus posibilidades armónicas y su variedad de colores. Es notable su uso tanto como solista como para duplicar y acompañar casi todos los instrumentos, de tal forma que da vida y anima la expresión de cualquier clase de grupo musical.

Los primeros registros de composiciones para el instrumento se remontan a 1720, cuando Joseph Faber, maestro de capilla en Amberes (Bélgica) lo emplea en una misa. Igualmente aparece en composiciones de Moltez (siglo XVIII), K. Stamitz y F. Gosec.

Su aparición en la orquesta no tiene un punto determinado. Varios autores coinciden en que Vivaldi fue el primero en utilizarlo en sus 3 Concerti Grossi para dos clarinetes y dos oboes; otros afirman que fue incluido gracias a las composiciones de Cannabich, Stamitz y Holbauer. Haendel escribió también una overtura para dos clarinetes y corno da caccia, en la década de 1740. Desde la mitad del siglo XVIII ha sido inseparable de las composiciones orquestales, destacándose la importancia dada por Mozart, Weber y su ratificación en la primera sinfonía de Beethoven. Pero sin duda la primera obra maestra es el concierto para clarinete K. 622 de W. A. Mozart. Berlioz le llamaba "voz del amor heroico" y lo empleó con tal carácter en la Caída de Troya. Wagner y Rimsky - Korsakov utilizan en sus composiciones todos los tipos de clarinete.

En la ópera es incluido por primera vez en Zoroastre (1749) de J. Ph. Rameau (1638 - 1764) quien también lo aprovecha en su pastoral Acanthe et Céphice, estrenado por la orquesta "Concert Spirituel" de París, con 39 músicos en 1751. C. W. Gluck (1714 - 1787) lo usa para su ópera Orfeo (1762) y en Alceste (1767), mencionado en esta última como "chalumeau".

Su carácter de solista se hizo evidente por primera vez con Johann Stamitz (1717 - 1757) en su concierto para clarinete y cuerdas, además de una sinfonía para instrumentos de viento, con clarinetes en 1755.

En la música de cámara obtiene su desarrollo desde la segunda mitad del siglo XVIII. Haendel lo empleó en un trío, donde la trompa ejecuta la parte del bajo. Bellísimos son los quintetos de Mozart y Weber para clarinete y cuerdas; y en el siglo XIX se destaca el trío de D'indy para piano, clarinete y cello y el quinteto de Brahms para clarinete y cuerdas.

Las bandas civiles o militares han sabido aprovechar su aguda sonoridad que se escucha muy bien al aire libre. En Francia a partir de 1755 los oboes son reemplazados por clarinetes. Se destaca en este tipo de grupo, el vals de Chopin para 24 clarinetes.

En la música popular es muy utilizado y se le explotan diversos efectos poco vistos en lo erudito. Por ejemplo, en el Jazz se usan a menudo sonidos estridentes y destemplados que personifican un papel de características muy particulares. En Colombia es empleado en varios géneros musicales como la cumbia, el porro y el mapalé de la costa Atlántica; las chirimías en la costa pacífica interpretan ritmos como la contradanza y la juga; en la región andina, hoy se escribe para este instrumento en aires como el pasillo, la danza y el bambuco.

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